Creciendo entre joyas

En Barcelona, rodeado de un padre y un tío joyero que aprendieron su oficio en Córdoba, me sumergí en el mundo de la joyería desde bien pequeño.

De niño pasaba horas junto a mi padre en su banco de joyero: le alcanzaba herramientas, desmontaba algún reloj y observaba cómo el metal se convertía en joya. Aquella fascinación me costó más de una reprimenda por dejar los deberes: prefería ayudarle con sus piezas y con los trabajos para otras marcas.

En 1992, mi padre abrió una joyería-relojería en Barcelona. Cada tarde salía del colegio deseando llegar a la tienda para verlo montar las vitrinas, hacer arreglos y diseñar nuevas piezas.

A los 16 años, tras tantas horas de taller, ya podía ayudar “de verdad”. Mi primer ciclomotor fue la excusa perfecta —aunque ganas no me faltaban— para empezar a esmerilar piezas para distintas marcas, que nos entregaban en pequeñas bolsitas transparentes.

Conociendo el sector

Y así con 18 años conseguí mi primer trabajo como vendedor de estuches de joyería. Un trabajo que me permitió conocer todas las joyerías de la ciudad condal y seguir aprendiendo del mundo de la joyería.

Con 22 años, mi padre confió en mí y me delegó la gestión completa de la joyería-relojería mientras yo seguía formándome en diseño y creación de joyas. Años después, él volvió a la tienda y yo exploré otros caminos profesionales. Aunque no me dedicara a la joyería a tiempo completo, nunca la abandoné: encargos a medida, alianzas para amigos, arreglos y cursos mantuvieron viva mi pasión.

Hoy doy el paso y lanzo Ketier Joyas: piezas contemporáneas y dinámicas, inspiradas en el movimiento, la naturaleza y la geometría. Joyas originales, versátiles y artesanales, hechas con el cuidado que merece cada pieza.

En esta aventura me acompañan cada día mi mujer —al frente del marketing— y mi hija. Sus ideas y opiniones ayudan a cerrar el círculo creativo de Ketier Joyas

y...un pequeño consejo: Si conoces algún niño a tu alrededor (hijos, sobrinos, hijos de amigos, etc..) que tenga una pasión que le motive hasta el punto de querer pasar horas y horas haciendo eso, anímale a seguir así. Confía en él/ella porque seguro algún día recogerá los frutos del poder hacer algo que te apasiona.

"cada detalle, cada pequeño gesto, refleja la dedicación y el cariño que ponemos en todo lo que hacemos"